Llevo un huevo sin escribir. Es que
me he cansado. Me he cansado de huir de mí, por fin. Me ha pasado que me ha
tentado el abismo que se interpone entre algún ser que me parece hermoso y yo,
y me he dejado caer un poquito; me he sentado en el borde del precipicio, para
fingir que me acercaba a él, pero no me lo he creído.
Empiezo a no saber engañarme. O a
no querer creerme el engaño, porque antes ya sabía que me engañaba, pero era
demasiado dulce la ficción. Ahora me he cansado, ya no sé rehuirme, ya no tengo
energía para eso, gracias a dios. A veces me creía que la metáfora de Osho de
la habitación y la ventana no tenía por qué cumplirse; yo, al menos, aunque
supiera que la ventana estaba allí, si no quería que estuviera, si quería
sumergirme en un sueño sin ventanas, aunque la hubiera visto, podía creerme
durante un rato que no la había. Pero luego me atormentaba, me perseguía su
luz; era enorme el esfuerzo que tenía que hacer para que no existiera.
Creo
que a eso se debe el gran cansancio que no me deja fingir más. Es impactante el
vuelco que ha dado mi interior. Me apetece hibernar, dejar que el mundo pase
fuera, por un tiempo. Y yo quedarme aquí conmigo, con una concepción de este “yo”
mínima, que lleva tiempo diluyéndose en otros egos.
Me despido de las pasiones que me
enferman. Me despido de comprender el fondo de tantos corazones a los que no he
sido invitada, que no quieren ser comprendidos, y de no sentir el mío, como si
no existiera. Abandono las ganas de ser bebida por los ojos por los ojos de los
que bebo. Ni tú ni yo somos ningún líquido que sacie ninguna sed. Me despido de
hacer objetos a los objetos de mi deseo. Sois más hermosos mezclados en el
paisaje, siendo parte de él.
Amo rápido, me duele creer que
demasiado rápido, por eso no lo voy a creer. Amo rápido porque amo ahora, que
es el único momento que existe. Amo lo de alrededor porque es más fácil de
observar, ya que no me rodean espejos. Aunque sin duda la cuestión es el foco.
La energía debería dividirse entre tú y yo, pero desviaba el foco al tú, y en
él me vertía. Pero es tan solo el foco. No existo yo ni existes tú. Somos
solamente vehículos, y se ha gastado el foco que iluminaba al tú. Ahora eres
tan solo amor, como yo, como todos. Y no te amo como mi tú, sino como tu yo.
Ojalá pudiera sentir esta
harmonía cada día en mi piel, pero es justamente por ella que establezco los
opuestos…